martes, 11 de octubre de 2011

Richard Stallman

Richard Stallman














Imagínese que compra un coche nuevo. Pero usted tiene prohibido abrir el capó y conocer su motor, identificar el tanque de gasolina, la batería, el carburador. Imagine también que no puede cambiarle la radio, ponerle neumáticos deportivos o cambiarle el escape. Por último, imagine que ese coche en realidad no es suyo, sino que usted sólo tiene una “licencia” para usarlo, además no puede prestárselo a nadie.

¿Absurdo? Pues eso es muy parecido a lo que sucede actualmente con la industria del software. “¿Por qué permitimos que funcione así?”, se pregunta Stallman.

El software libre es la alternativa a ese modelo que las más grandes empresas de la programación han impuesto.

“El software libre es aquel que respeta tu libertad y la solidaridad social de tu comunidad”, define Stallman frente a un auditorio lleno. La otra posibilidad, añade, es el software privativo, llamado así porque “priva a sus usuarios de la libertad”.

El software libre debe reunir cuatro características para poder ser identificado como tal:

1) La libertad de ejecutar el programa para cualquier propósito.

2) La libertad de estudiar cómo funciona el programa y la posibilidad de adaptarlo de acuerdo a las necesidades del usuario (el acceso al código fuente del programa es una pre condición para esto).

3) La libertad de distribuir copias como acto de solidaridad con el vecino.

4) La libertad de mejorar el programa y hacer esas mejoras públicas, para que toda la comunidad se beneficie.

“Es un software ético, distribuido de manera ética. Un programa privativo es un yugo, una trampa. Si tiene funcionalidades atractivas son el cebo de la trampa para que la gente abandone su libertad. El software privativo no debería existir.

Su existencia, su uso es un problema social. Y deberíamos eliminarlo —conmina Stallman frente a las cámaras del Canal del Congreso—, pues suele tener funcionalidades malignas”.

Le dan la razón algunos sucesos recientes:

En 2009, la empresa Amazon borró por accidente y de forma remota la novela 1984, de George Orwell, de las tabletas lectoras de libros Kindle de miles de sus clientes.

Recientemente se supo que los teléfonos iPhone registraban, sin autorización, todas las coordenadas del GPS del aparato, lo que significa que potencialmente Apple, o quien vulnerara la seguridad del dispositivo, podría haber monitoreado la ubicación precisa de cada usuario.

Eso no pasaría con el software libre, ya que al ser público su código cualquiera puede detectar funciones inconvenientes y eliminarlas de inmediato.

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